viernes, 7 de junio de 2013

Onirismo, expresión y compromiso: la pintura de Annie Meza

por Fátima GalBos


En el Templo de la Musa se admira al arte. Pero no sólo eso: se le goza, se le aprecia. Se bebe; se consume. Se degusta. Las emociones producidas son un placer embriagante, y a la vez, razón clarificadora. Se vive en éxtasis, porque la manifestación cultural aporta un entendimiento que combate a la impotencia, al dolor y al sufrimiento. Conectar con el mundo interior, a través de la expresividad humana, es emprender un viaje hacia el enriquecimiento espiritual.


La obra expresionista y abstracta de la pintora mexicana Annie Meza hace justamente esto. Sus grandes lienzos hacen las veces de puertas o, quizás, de enormes espejos de la imaginación. En sus pinceladas, observamos personas y edificios; animales salvajes del inconsciente; galaxias y planetas. ¿Están verdaderamente ahí? Surge la pregunta. Y, por supuesto, de alguna manera, existen, en nosotros mismos. Los colores nos asaltan. Nos arrebatan la atención. La artista nos provoca. Nos invita.  Deja al descubierto los elementos, detalles, formas y emociones que componen a la obra de su propio espíritu. La conexión que establece con su yo interno genera reacciones en cadena. Esta relación intrapersonal logra producir el mismo efecto en otros: pone en marcha un proceso introspectivo en quien observa sus pinturas.

Annie Meza nos platica acerca de su experiencia como creadora. Así, intentamos descubrir las múltiples facetas que se ocultan, a plena vista, en su obra. Se trata de una mujer poseedora de una seguridad tanto experimentada como natural, sin pose. Durante la entrevista, su mirada trasmitió, más allá de las palabras, una fortaleza y una decisión precisas, inequívocas y persistentes. Sus manos demostraron enfáticamente una expresividad completamente congruente con su obra. Y su sonrisa amable demostró que el poseer una larga trayectoria como artista no es sinónimo de altivez ni de soberbia. 


Aquí les presento lo que platicó para El Templo de la Musa:


El Templo de la Musa: ¿Cuál fue la primer pintura que te inspiró a dedicarte a esta rama del arte?
Annie Meza: Cuando era niña, tenía muchas visiones, o sueños, con animales. Me gustaba mucho pintar animales. Focas, por ejemplo; animales marinos. Esa etapa pasó y entonces me llamaron mucho la atención los paisajes parisinos. Fue en ese momento cuando nació, de alguna manera, mi pasión por la pintura. Esos paisajes nublados de los barrios viejos de Paris, los ghettos… Ahí fue cuando me enganché con ese tipo de pinturas. No recuerdo exactamente la técnica; probablemente hayan sido óleos, porque el acrílico es una técnica relativamente nueva. Sólo sé que me llamaban mucho la atención esos paisajes de Paris.

¿Qué parte del proceso de pintar disfrutas más y qué sentidos se ven envueltos en este proceso?
La parte que más disfruto es cuando todo se ha resuelto. Primero realizo una especie de boceto; es la parte intelectual del proceso. Hay que organizar aquello de lo que va a consistir la obra: las proporciones, la atmósfera que va a tener. Aunque pinto expresionismo, sí necesito tener una idea previa para ver lo que voy hacer. Empiezo con una idea y el cuadro tiene un proceso. Tiene un principio y un final, como todo. Cuando el cuadro está resuelto, y éste me comienza a hablar… Cuando se sale inclusive de lo que ya tenía planeado y va tomando su propio curso, y su sentido… Ese es el momento que más disfruto: cuando empiezo un diálogo con la obra. La construcción de la obra es más intelectual. Pero cuando se establece un diálogo con ésta, existe libertad. Esa parte fluye y sigue, y sigue. ¡Se lanzan pincelazos, la obra habla y el diálogo sigue!



Me llamó mucho la atención tu respuesta a la primer pregunta, contabas que de niña tenías muchos sueños donde había animales marinos. ¿Cómo eran? ¿Cómo te inspiraban? ¿Qué te hacían sentir?
Se me quedó muy grabada una familia de focas; me llamaban la atención sus ojos. Era una especie de familia. O no sé si, de manera inconsciente, yo lo relacionara con la familia. Hoy lo pienso así; en aquel entonces no era consciente de ello. Me gusta el agua pero tampoco es mi pasión; sólo recuerdo que eran animales marinos, y que representaban una familia. No sé si tenga que ver con alguna situación que yo estuviera atravesando con la mía. Probablemente, sí tenga relación…

Me llama la atención, porque el océano tiene una conexión simbólica con el inconsciente y las emociones.
Tengo muchos sueños con el mar. Y te digo, no soy ninguna apasionada del mar. Pero sí tengo muchos sueños que tiene que ver con olas, por ejemplo. Sueño con olas, con el mar. También sueño que vuelo.

¿Cómo puede (la pintura) cambiar la vida de una persona, y cómo cambió la tuya?
Al conectarse uno con la pintura, se abren muchos canales espirituales. Al momento que uno hace de la pintura un estilo de vida, se entra en contacto con uno mismo. Son muchas horas de estar en soledad; de estar en contacto. Se desarrolla la introspección, incluso si al principio uno no se da cuenta de ello. Y esa introspección hace que la vida cambie, automáticamente. Ya no se percibe la vida de la misma manera, y ya no se actúa de la forma en que se hacía antes. La mayoría de las personas se conectan más con el exterior. Porque la vida misma te va atrapando; te jala. Los problemas, el trabajo, las presiones, el estilo de vida… Principalmente, en esta época. Existe demasiada información accesible, la cual hace que no sea necesario reflexionar tanto sobre un tema, y mucho menos sobre uno mismo. Todo es cómodo, rápido, fácil. Y lo opuesto sucede cuando se establece una conexión interna – porque no hay de otra; ya sea para la pintura, para la danza o para cualquier otro arte: se tiene que conectar con el interior, forzosamente. Es ahí cuando la vida comienza a cambiar. Y eso se refleja en las actitudes, en el gusto, en todo. Cuando se conecta con el interior también se llega a ser más libre, y eso se proyecta de muchas formas en la vida personal. Y hasta físicamente. Ya no se le da tanta importancia al exterior. Al enriquecer el interior, el resto pasa a segundo término. Ya no se rige uno por las reglas. Dejan de preocupar. La percepción sobre la vida cambia, e influye en todos los demás aspectos.

¿Y puede cambiar también al espectador?
Cambiar la vida me suena muy comprometedor. No podría asegurar que una pintura cambie la vida de un espectador. Lo veo un poco difícil, pero yo creo que en el momento en que una obra plástica impacta y genera reacción por parte de una persona, ésta contacta, automáticamente, con su interior. Y conectar con el interior es iniciar un proceso de cambio.

¿Cuál es el papel social y político de la pintura?
A muchos creadores nos dan el papel – precisamente porque tenemos algo qué mostrar a la sociedad – de ayudar a alguna causa. Muchas veces nos piden apoyo a los creadores, de cualquier ámbito, para aportar parte de nuestro trabajo, para que pueda ejercer una influencia en la sociedad, de manera positiva. Hay muchas formas de hacer esto. Ayudar a gente humilde, apoyar a fundaciones, etc. Nosotros, muchas veces, damos apoyo con obra,  para reunir fondos para determinadas causas. Pienso que esa es la forma en la que los artistas podemos participar. No veo de qué otra forma, que no sea con nuestro trabajo; con nuestra sensibilidad. Meterte como artista en la política es un poco complicado. Una pintura puede llegar a influir enormemente en la sociedad, como decía Diego Rivera. Pero creo que lo primero que se toma en consideración es esa sensibilidad del artista y ese talento para ver de qué manera puede ayudar a la sociedad. Un ejemplo de ello es el hiperrealista Rafael Cauduro (http://www.cauduro.com) : sus murales hablan sobre el suicidio, el secuestro, la muerte, la violación. Toca temas muy fuertes y profundos. Él aborda situaciones terribles que están pasando en la sociedad. A los artistas nos piden, a veces, ese tipo de trabajo. No sólo se trata de que mi obra se venda y que parte, o totalidad, de esa venta vaya para alguna causa específica, sino también que podemos tratar asuntos relevantes, para que la gente se de cuenta de su existencia. Aportamos la esencia de lo que somos como artistas.

¿Qué te parece más gratificante como artista? ¿Qué es lo que te hace seguir, a pesar de cualquier reto o dificultad que tengas?
El momento en el que me conecto. Si yo tengo un mal día por ejemplo, o tengo una situación no muy agradable (que a todos nos pasa) es ese momento el que lo trasciende. A veces me cuesta un poco de trabajo, porque cuando se está con ese estado de ánimo es difícil concentrarse, pero sí lo he llegado a hacer. A veces huyo de esa condición; espero a que pase. En la generalidad, yo prefiero estar en un estado de éxtasis: contenta, plena y tranquila para poder crear. Para mi es indispensable tener esa paz y esa armonía.

¿Necesitas estar eufórica para crear?
No. La euforia me viene en el momento en el que termina esa parte conceptual e intelectual de mi proceso; cuando ya entablo diálogo con la obra. Ahí he llegado a tener muchísimos momentos de euforia. Cuando la pintura se está resolviendo. Ese es el momento que más disfruto y que me resulta gratificante. Ahora, en general, lo más gratificante es que estoy dedicada a mi pasión. Cada vez que pinto agradezco a la vida, agradezco a Dios, agradezco que me haya dado esa oportunidad – haber sido tocada, de alguna forma por el dedo de Dios – de poder crear algo, y que me llene. Todo el tiempo estoy agradecida de poder dedicarme a esto: vivir, trabajar diariamente en lo que me apasiona.

¿Cuál sería tu reto más grande como pintora?
No pienso de esa manera. Para mi, la fama y ser la mejor, no es algo que me preocupe o agobie; no es mi objetivo. Yo creo que cualquier artista sueña en algún momento con eso. Cuando va pasando el tiempo y se va trascendiendo como artista y conquistando ciertos retos, se da uno cuenta de que lo más importante es… estar. Es el momento en el que se está creando. No cambio ese momento por nada ni por nadie. ¿A dónde voy a llegar? Voy a contestar como Miguel Ángel cuando le preguntaron cuándo terminaría la Capilla Sixtina: “Cuando termine”. ¿A dónde voy a llegar? Hasta donde llegue. Lo que sí te digo es que, personalmente, quiero darlo todo a diario. En cada momento de creación, hay que darlo todo. Yo creo que si uno trabaja con honestidad, con compromiso, con pasión, ya no hay mucho más que se pueda pretender. Cuando hay un compromiso, una pasión, una dedicación y se es honesto con el trabajo, no sé por qué, las cosas empiezan a llegar de una forma mágica. Por lo menos a mi me ha sucedido así. Nunca me ha preocupado lo demás. Alguna vez tuve retos así, pero conforme va pasando el tiempo, esos sueños superficiales pasan a ser secundarios. Si llega, se disfruta, pero ya no es una obsesión. Para mi lo más importante es la pasión. Cada obra que yo hago es relevante; no importa si es pequeña o grande. Cada obra debe conllevar un fuerte compromiso. Y para mi como artista, eso es esencial.

¿Y qué tal un reto personal?
Creo en mi trabajo. Me interesa que el mismo arte me vaya poniendo donde yo me lo he ganado y me de lo que he merecido. Uno se tiene que merecer las cosas. No se trata solamente de pedirlas, sino que tenemos que pensar “¿Realmente me lo merezco?”. Las cosas no llegan antes ni después; llegan en su justo momento. Si comienzan a ocurrir cosas buenas y se abren caminos es porque uno ha trabajado para ello. Entonces eso llega, a veces, de manera sorpresiva. Yo perseguía algo hace diez años, y ahora ya no pienso al respecto. Las cosas empiezan a suceder como por sí solas. Lo que antes eran metas y sueños muy grandes se convierten en pequeñas metas que llevan a otras, y éstas, a su vez, a otras nuevas. Así lo veo. Por supuesto, siempre tengo el fin de seguir creciendo como persona y como artista. Creo en mi, trabajo bien, y bienvenido lo que venga y me merezca. No se vale pedir, sin trabajar.

¿Cómo contagiarías a la sociedad de tu pasión por el arte?
Primeramente, me gustaría que hubiera más apoyo por parte del gobierno hacia la cultura. Un verdadero apoyo a los artistas. Si el gobierno no me da los recintos, los espacios, es muy difícil lograr contagiar a la sociedad de este apasionamiento.

¿De qué manera logras que los espectadores conecten con tu obra?
Siendo honesta. Cuando se es honesto como artista, es casi infalible que la audiencia conecte. La gente lo percibe. Honestidad, compromiso y oficio… Esas tres características hacen que la gente conecte, definitivamente. Cuando hay mentira, falsedad, copia, falta de dedicación, superficialidad…es casi imposible que haya una verdadera conexión. Agradezco humildemente cuando la gente disfruta mi trabajo, y en algún nivel inconsciente seguramente lo busco, pero lo primordial para mi es expresarme. Es una necesidad. Yo tengo que sacar esas emociones, y sería una contradicción si las pensara en relación al gusto de otras personas.

¿Qué cambios te gustaría ver en México y el mundo respecto al arte?
Es una pregunta compleja y extensa. En México, reitero, me gustaría ver apoyo por parte del gobierno, no sólo a los artistas que ya tenemos una cierta trayectoria, sino también a gente que va empezando. Hay mucho talento. A los artistas nos cuesta mucho trabajo y muchos años poder construir nuestra carrera y ser reconocidos, porque el gobierno, muchas veces, no da apoyo a menos de que se trate alguien de renombre. 

Respecto al mundo… Están sucediendo muchas cosas en cuanto al arte. Hay movimientos muy fuertes. Por ejemplo, el arte conceptual fue muy fuerte y polémico en su momento; aunque ya no lo es tanto. Yo lo único que pido es que se respeten todos los estilos y géneros del arte tradicionales. Que si viene algo nuevo, se observe, se aprecie, pero que se siga manteniendo el respeto por el arte tradicional. Que no nos traten como una moda, o como unas máquinas de hacer dinero, porque se ha comercializado mucho el arte. Así ha sido con el arte conceptual. Con éste, los artistas se convirtieron casi en un artículo de lujo; ya no eran tratados como artistas, sino más como máquinas de hacer dinero. Hay artistas que ya no pintan. Producen “obras de arte” que generan gran ganancia pero no tienen tanto valor artístico. No todo es malo, por supuesto; hay quienes son verdaderamente talentosos en este género, pero son pocos. Se ha prestado mucho al “ready made”. Siento que hay una decadencia en el mundo del arte. Y tenemos la obligación de rescatar sus valores. Hay que crear con consciencia; seguir avanzando, pero con una consciencia y con una fuerte base en los valores del arte.

Para ver más de su obra: http://pintorasmexicanas-anniemeza.blogspot.mx



Fotografías proporcionadas por Annie Meza. 

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